Días sin nombre
Días sin nombre
(Del 30 de diciembre de 1986 al 3 de junio de 1987)
Se va dejando el rastro, la huella… de manera lenta, de forma suave, se ve muriendo el rastro, se ve naciendo, en el inmenso, infinito, profundo, inmenso, azul intenso, verde profundo… desde la popa veo el mar. El mar, como solo en partes se aleja, solo en partes se queda y siempre él en su inmensidad esta presente, el mar que rodea todo y yo en esta isla que avanza, a pasos cansados sobre este inmenso azul, que avanza sin prisa o sin demostrar prisa. En esta enormidad de agua, agua viva, que se mueve, que nos sigue, nos rodea, nos tiene atrapados en ella y la estela de la propela se va haciendo y como se hace se muere y es la huella que vamos dejando en señal de espuma, sobre este azul absorbente, en esa estela van quedando los nombres de los días, quedándose los nombres de la gente que conozco, en esa estela se va quedando la idea del tiempo, se va quedando la idea de las horas terrestres, se va quedando las ideas de lunes, las ideas de martes, las ideas de miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo… que importa como se llame el día si en esta inmensidad solo existe el día de mar, si solo se puede ver mar.
El mar me tiene atrapado… y lavo ollas, y lavo sartenes, y lavo, lavo en un ejercicio de círculos casi perfectos descritos por mis manos, en un ataque desproporcionado sobre la grasa de años, sobre ese sabor que ya esta, que existe, porque es y se quedara aunque lo trate de lavar, mas y mas, y ese olor que ya es de esos sartenes, esas ollas y demás trastos que llegan a mis manos… y hablo solo, solo hablo con mi soledad, y me hablo a mi mismo y me cuento cuentos, historias que conozco y cuando lavo mas de unas horas, ¿horas?, salgo a popa y veo el mar, y me asomo con la idea de que no este, y me asomo con las ganas de tomarlo desprevenido y que no este ahí, pero también me pregunto, que pasara el día que salga y no este ahí, ¿estaré yo aquí?. Y me sé el numero de los días, pero no me sé el día y se que es un 27, pero no se y no me importa su nombre, no me importa la tarde, o el día, que al final la historia es la misma, me hablo solo, me digo solo, me nombro, me llamo, soy yo y yo quien me hablo, soy quien me hablo y muchas veces no se si soy yo quien me escucha, y hablo y contesto y pregunto y digo… pero lejos estoy de ser, lejos estoy de saber mi nombre y son 100 días y la mar ahí, ahí sin ganas de ayudarme a contar, ahí con el afán de confundirme y su voz que no se oye y se siente y…
- es martes
- aunque podría no ser
- no, seguro es martes, se que es martes, vi el calendario en la mañana, antes de verte, antes de salir a popa y toparme contigo
- tal vez solo viste el día que quieres ver, porque no le preguntas a alguien que día es
- y ¿alguno lo sabrá?
- Cada quien tiene su día hoy
- El mió, al menos, es el día 100, sin importarme si es martes o miércoles, es el día 100
- Si, cada hombre tiene y ve su día como quiere verlo, al que va a morir hoy le encantaría que el día no tuviera el nombre de hoy, y al que va a nacer hoy, le interesa saber ese nombre hoy
- Sabes que te respeto, pero estoy aburrido de tu inmensidad
- Y sabes que yo sé que volverás
- No, no lo haré, jamás volveré a ver el mar, a verte, no, no podré volver a verte, no podré ni siquiera pensar en verte desde lejos
- Volverás
- No lo sé, y como he de saberlo, si sé bien que estoy hablando solo, que el mar no habla y que esta es otra vez una mala jugada de la soledad o de mi locura
- Se que volverás y te haré saber que cumplo mi palabra, que no estas loco y que yo se y sabré siempre quien eres
- Debo regresar a lavar, lavar sin pensar, regresar a mi tarea y terminar el día y terminar los 120 días, ya de una vez
Terminaron los plazos, los días, hoy otra vez se como se llaman los días, disfruto el lunes como disfruto el sábado, con ese sabor que tiene cada día, han pasado 21 años y regreso a ver el mar cada año, dos o tres veces en el año… este año me recordó que me recuerda y mientras trato de tomar aire, tirado en la arena, después de ser rescatado de ahogarme, recuerdo la platica que tuve con el, a cuatro patas de reojo ve el inmenso e infinito, intenso y viejo mar y trate de ver mi estela y no la encuentro, y no me queda mas que decirle… gracias por acordarte de mi.



now dijo
Gran historia. Ser un marino mercante debe ser muy duro. Pero tiene sus ventajas. El mar deja huellas y el nos reclama porque corre por nuestras venas.
Abrazo
18 Octubre 2007 | 02:51 AM