Marchitando hadas
Marchitando hadas
Luis Sevillano
Agitación, mucha actividad, de un lado a otro van y vienen, se mueven, vuelan, caminan, se encuentran, conversan, cambios puntos de vista, son cientos, son jóvenes, son tersas, son fantásticas, increíbles e invisibles, solo algunos cuantos ahora las pueden sentir, ver, en otros tiempos se veían volar en todos los lugares, en el día y por la noche, eran parte de la vida diaria, hoy están reunidas en un buroe, bajo la luz de una lámpara de noche, en silencio, a lo mucho se oyen sus alas que se agitan en el viento nocturno, su sonido es imperceptible para Georgina que duerme, con un sueño de 7 años, ese sueño tan pesado, tan tranquilo que solo se da en la infancia. Algunas vuelan hacia la cama, se sientan sobre las arrugas de las sabanas, se sientan al borde del buroe y dejan sus piernas colgar para poderlas columpiarla, están a la expectativa.
Georgina sueña aun, imagina aun, tiene amigos imaginarios aun, aun se vuela en sus fantasías, las hadas velan su sueño, para estar presentes cuando despierte y puedan hacer su trabajo lo mejor posible, hacer fantasía, Georgina a penas despierta empieza a viajar a través de sus historias de inventiva fantástica, a través de su imaginación, de sus hadas.
Georgina despierta antes de lo previsto, un rayo de sol tímido penetra la ventana, las hadas vuelan dentro del haz de luz solar, saben que su trabajo empezara apenas Georgina abra sus ojos, vuelan alrededor de la cama, corren por los pliegues de la sabanas… Georgina inicia su día y tras ella su sequito personal de hadas, cientos de mujeres fantásticamente haladas, van delante, van de tras… Georgina se dirije corriendo escaleras abajo, un torbellino hacia la cocina donde su madre prepara el desayuno… “¿lo trajo?”, “Puede ser, si lo trajo debe de estar en la sala”- la madre de Georgina esta emocionada, sigue a la niña hasta la sala, su niña interna tal vez esta mas emocionada que la misma Georgina – “Lo trajo mamá, lo trajo, ¡ay cuanto los quiero!” – la madre le ayuda a abrir la caja, las hadas vuelan alrededor de ellas, curiosas, la caja es grande y puede ser una casa de muñecas, un algo que haga que Georgina siga imaginando y ellas viviendo, la madre y la hija tratan de abrir en complicada complicidad emocional la caja… y si ahí esta un fabuloso WII, las hadas comienza a marchitarse, una a una van cayendo muertas sobre la alfombra, mientras conectan el WII, las hadas caen una tras otra, marchitas, muertas, secas… Georgina ha dejado a un lado los sueños y las fantasías mientras toma el control inalámbrico del WII y las hadas siguen cayendo difusas, olvidadas, acabadas… muertas.




Rosana dijo
Sevillan …. es precioso ……es un relato hermosísimo , con una moraleja increíble ….
8 Noviembre 2007 | 06:51 PM