Una historia del Black
Una historia del Black
Luis Sevillano
Clackclack, clackclack, clackclack... se abre y cierra el encendedor marca zippo, una y otra vez en la mano del Black, mientras se encuentra casi acostado en el sillón de su oficina, si así se le puede llamar a la habitación desde donde opera, en el segundo piso de un edificio que sea cae en la calle de Gante en la Ciudad de México, tiene las piernas estiradas y cruzadas sobre un escritorio que hace meses, años que no se asea, ni se ordena, mira sus botas con punteras de plata y oro, botas en piel de cocodrilo, con tacón cubano... clackclack, clackclack, mientras mueve sus pies y observa sus botas, la habitación esta casi a oscuras de no ser por un pequeño rayo de luz que penetra por una de las ventanas que dan a la calle, la tarde cae y el encendedor en la mano del Black sigue su rítmico abrir y cerrar.
El grito traspasa varias habitaciones, es un grito firme, con don de mando, al oír el grito "el pelón", sale corriendo hacia la oficina del jefe. El Pelón sale a la calle de Palma y camina con dirección a la calle de Gante, son unas cuantas calles... "Esto va a ser un desmadre, el pinche Black no me va a querer dar el dinero de Don Poncho, y me lo voy a tener que quebrar, chingao, pero, de que lloren en mi casa, a que lloren en la suya, en la suya... ni modo mi hermano", y el Pelón camina viendo las losetas de la banqueta, hasta llegar al viejo edificio de Gante donde opera el Black, sube las escaleras tratando de hacer ruido, para que el Black se percate de la visita. El Black abre la puerta de su oficina antes que el Pelón toque la puerta y recibe con una sonrisa triste al Pelón. El Black sonrie, con esa sonrisa triste tan suya, camina uno al lado del otro, hasta la calle de Palma, entre los dos hay un silencio de sepulcro y las calles del centro que aun estan vivas, el Pelon entra primero y camina hasta la oficina de Don Poncho... El Black entra y su sonido con el, clackclack, clackclack. El Black no saluda, pone la bolsa sobre una de las sillas que están frente al escritorio de Don Poncho y comienza a sacar fajos de billetes, Don Poncho toma unos fajos y los cuenta
El Black, sigue sacando fajos de billetes de la bolsa, hasta que alcanza su pistola con la mano de dentro de la bolsa, son tres fogonazos, tres en la frente de Don Poncho, que cae de espaldas, el ruido de los fogonazos ha llegado hasta fuera de la oficina, El Pelón mira al Black sorprendido.
La noche ya cae sobre la calle de Palma, el zócalo de la Ciudad de México esta lleno de gente que va y viene de algun lugar, la catedral suena sus campanas, dentro de la catedral dos hombre están hincados frente a la imagen de la Guadalupana, entre los dos hombres una bolsa vieja. Se escuchan los susurros de los feligreses rezando el rosario, "En que pedo nos metimos Black", "no hay pedo, la Señora jamas me ha olvidado", el Black mete la mano dentro de la bolsa, el Pelón como acto reflejo toma la pistola que trae a la cintura, "Como eres pendejo, Pelón, quita la mano de ahí", el Black saca un gajo de billetes y los mete en la alcancía de las limosnas, "Hay que agradecer pinche Pelón, tienes que aprender mucho", ambos aprietan sus manos, mientras en silencio hablan con la Señora



Rosana dijo
Pues, ¿quería cobrar lo que le debían? ha salido bien pagado, bien muerto el hombre,
Extraño relato Sevillan….
15 Noviembre 2007 | 09:04 PM