Uno... y tanto humo
Uno... y tanto humo.
Humo, tanto humo que el lugar parece sumergido en una neblina de siempre, un humo que solo la navaja de su bolsillo podría cortar. Lleno de olores, olores de brillantina, sudor, penas, trabajo, tarde, noche y desamor. La voz desgarra las ilusiones, acaba las penas, se sumerge en las venas. Sentado, en silencio, como la mano que juega con su navaja en el bolsillo del pantalón escucha la música, la siente, su mirada fija en el caminar de ella, ella de caminar despacio, con medias negras y pantorrillas perfectas, su escote que deja ver casi el total de su espalda - una espalda en la cual se pueden leer grandes frases, una espalda donde está grabado el mapa del universo - y ella sigue caminando dándole la espalda, la espalda a lo que él siente por ella, la espalda al futuro que ella podría tener con él, la espalda al presente.
Acaricia su navaja, respira el humo, siente el aroma del perfume de amargura que flota en el ambiente, ve la cordura perdida de todos aquellos que como el que quieren escapar de su realidad, y su mirada fija en la espalda de ella, rememora cada letra, cada galaxia, de fono solo escucha ese tango llamado "Uno", y ella que no acaba de perderse en la nube de humo, y él con su mirada fija en esa espalda que anhela, y el tango que azota el sentimiento de su corazón - "Uno busca lleno de esperanzas"-, y la noche que aun no termina- "prometieron a sus ansias"-, y ella que no acaba su caminar, mientras el dentro de su bolsillo aprieta la navaja con ganas de usarla para cortar el la neblina del humo y verla más completa que lo que la ve su imaginación- "maldijo para siempre y me robo toda ilusión"- y el tango termina, el humo es más, y ella de espaldas parece tampoco olvidarlo.



seto sao sade dijo
Ua imagen muy potente.
27 Octubre 2009 | 06:52 PM