Una receta del Doctor Osmar
Sonó el teléfono cerca de las 6 de la tarde, la voz era la de una vieja conocida, para más señas era mi hermana, - "recuerdas que querías el teléfono de un brujo, bueno, muy bueno, pues mi amiga Adriana fue a uno, y no le ha ido nada mal, bastante atinado y soluciono su problema"- apunte el teléfono mientras ella me daba todos los pormenores de la agitada vida de su amiga, y de cómo en unas cuantas sesiones este hombre le había regresado la esperanza de vivir, colgué el teléfono, aspire dos buenas bocanadas de mi cigarro, apure el trago de vino tinto y llame.
"Consultorio del Doctor Osmar de Batallier", la voz sonaba bastante dulce, la voz por si misma contagiaba tranquilidad, "Señorita quisiera una cita con el doctor", lo dije mientras encendía un nuevo cigarro y caminaba alrededor de la mesa del comedor, "le parece bien mañana a las 5 pm, por favor sea puntual, no hay tolerancia y se pierde la cita", "No hay problema señorita".
Quince minutos antes de la hora me encontraba en el consultorio del Doctor Osmar, la señorita que tenia la voz de tranquilidad y una sonrisa de "yo no me voy de aquí", me indico amablemente que me sentara, había dos personas más en la misma sala, no podía adivinar a que venían, pero se veían convencidas de que estaban en el lugar correcto, un aire de tranquilidad se desprendía de sus caras, su respirar era pausado a diferencia mía que sentía cada día mas, como mi corazón se secaba, era apretado por un guante de púas.
Mientras esperaba mi turno, miraba a las personas, tras de mi llegaron tres personas más, dos de ellas con ese rostro que envidiaba, la otra con un rostro supongo parecido al mío - si este hombre me ayuda, me da confianza y me quita este sentimiento, le pagare lo que sea- no había tensión en la sala de espera, la señorita amablemente me indico que era mi turno, mientras caminaba a la puerta una marea de pensamientos me ahogo - sé que tengo, se llama: amor; aunque se supone que no debería de doler, pero, este es así, son muchos meses con esta opresión en el pecho, espero que no sea un charlatán- el camino a aquella puerta se hizo largo y frio, inquietante y a la vez emocionante.
Entre al consultorio, un hombre de aspecto africano, negro y de pelo chino apretado y canoso me esperaba tras una mesa "Hombre siéntate, sé que es lo que tú tienes, y no se ve fácil de quitar. Pero, vamos, siéntate y relájate, que te voy a ayudar", me senté despacio, mirando al personaje frente a mí, realmente no era lo que esperaba, el hombre vestía un traje blanco, camisa blanca y una corbata roja de alguna marca de esas que se venden en Polanco, "Mira hermano, esto no se ve fácil"- me tenia intrigado, yo aun no emitía palabra y el ya sabía que tenia, al menos eso había dicho- "mira, yo creo que tu caso tiene dos tipos de solución y tu debes de decidir, una: hacer que regrese contigo, eso sería un amarre, pero yo creo que tu sufres mucho, entonces no creo que sea lo mejor; dos: déjala, suéltala, haz que tu corazón deje de pensar en ella, yo creo hombre que esa sería la solución", tiro sobre la mesa que nos separaba unos caracoles, se sobo la barba una vez que cayeron, el silencio que había entre él y yo sé hacia denso, incomodo, pesado, solitario, como ese silencio que yo ya sabía que existía, el Doctor Osmar me tomo la mano, y la puso sobre su pecho, la suya la llevo a mi pecho, con una seriedad que pasmaba me dijo "mira la solución es fácil: no debes de volver a mirar jamás sus ojos, ese es el problema sus ojos, sus ojos que te miran, no puedo recomendarte que te cambies de ciudad, esta ciudad a ti te sienta bien, aquí está tu negocio y el negocio cada día ira mejor, pero ella se atravesará en tu camino aun varias veces, si tu confías en mi las cosas serán fáciles, aunque tal vez lo que veas al final te espante", mi corazón estaba acelerado, mi pulso al mil, lo miraba con una atención de maniaco, seguía hablando y diciéndome que hacer, digamos pues la receta.
Durante los siguientes tres meses fui cada quince días, las preguntas del Doctor Osmar siempre eran acerca de ella, de si la había visto, o me había cruzado con ella, algunos días mis respuestas fueron afirmativas, otras negativas, pero la pregunta más pesada era: "¿cómo sientes tu corazón, aun se agita tu alma, sobas la bolsa que te di cuando la has visto?", todas mis contestaciones eran afirmativas.
Al tercer mes me dijo "Hermano, ya no hay mas naaa que hacer, estas curado, la siguiente vez que la veas tal vez te impresiones, pero, ese dolor, ese sentimiento que te apretaba el corazón habrá desaparecido, trata de no verla a los ojos", la realidad era que las últimas veces que la había visto ella siempre llevaba lentes oscuros, y rara vez conversamos mas allá de un "hola y adiós", no había más, ya no sentía mariposas en el estomago, ni el corazón se aceleraba. Salí del consultorio del Doctor Osmar con una sonrisa y una tranquilidad absurda, un sentimiento que era absurdo porque hacía años que no sentía, tal vez era nuevo. Salí y camine hacia mi carro, subí a él, conecte el Ipod y me marche de los territorios del Doctor Osmar. El día se pintaba perfecto, me dirigí hacia la tienda de vinos de la cual soy cliente y me estacione exactamente frente a la tienda, me baje de mi auto, y entre de manera diferente, o al menos yo me sentía diferente, hasta que la cajera me dijo "cambio su semblante señor, hoy se ve contento, que va llevar nos llego el vino en caja que a usted le gusta, la dueña me pidió que le apartara 3, está bien que se las vaya poniendo", sonreí - ese vino fue el que detono todo, que extraña era la vida, o el destino, pero lo más curioso era lo que el Doctor Osmar había hecho de mi alma, estaba tranquila- tome las tres cajas, pague y salí de la tienda... ahí estaba ella, sin lentes, pero sin color en los ojos, sin vida en los ojos, se habían vuelto grises, casi transparentes, me saludo como si ahora fuera ella quien tenía las púas en el corazón, desgraciadamente yo no pude sentir nada, más que un "hola" distante, no había más, algo en ella había cambiado demasiado, mientras terminaba mi "hola", mi teléfono sonó, era Osmar, con su voz gruesa me dijo "le quite el color, para que tu alma volviera a tener color, vete", colgó, me quede con el teléfono en el oído, mientras mi voz tan solo alcanzaba a decir "adiós".
Cuando llegue a mi casa me serví un vaso enorme de vino tinto, camine hacia el espejo, y me mire en el, tal vez Osmar acabo con mi dolor, pero creo que pinto mi alma de gris.



Rosana dijo
¿vale la pena teminar con el dolor , si a cambio nuestra alma es gris ?
3 Agosto 2010 | 05:04 PM